¿Por dónde comienzo?

Quizás todo se resuma en que ha sido una noche más, y sin embargo, sé que no ha sido así, las sensaciones que he tenido, todas esas risas, los breves instantes en que nos acercábamos, ese increíble olor que desprendías, las luces y el sonido del amanecer entre la arena de la playa…

Pero para ser justos, comenzare con la invitación para cenar y conocer a alguien que cierta amiga mía me hizo, está empeñada en colocarme pareja, y claro, que mejor incentivo que enseñarme una foto tuya y… ¡¡¡menuda foto¡¡¡, he de reconocer que mi primera impresión fue de sorpresa total, llevabas esa camisa con transparencias, ese pelo ceniza que no ocultas y, detalle que hizo sacar sonrisas a mis compañeras cuando te enseñe, fue que llevabas zapatillas, quien sabe si para salir corriendo, si fuera el caso que la invitación que te hizo nuestra amiga en común, no fuera de tu agrado, jajajaja.

Verte ahí, sonreír y darnos dos besos fue la cortesía inicial, está claro, lo que no tengo tan claro es porque te demoraste un poco y te colocaste a mi lado y no parabas de mirarme mientras discutía con el resto donde íbamos a cenar, si, señorita, note como me mirabas, aunque también me declaro culpable de no haber dejado de ver como caminabas, como sonreías ante las tonterías que éramos capaces de decir…

La cena estuvo bien, y cosa curiosa , te sentaste enfrente a mí, así que me diste motivos para mirarte a cada momento, para que fueras la primera a la que contaba cualquier cosa, que si las noticias, que si el trabajo, que si esto que si lo otro, aún recuerdo tu risa, cuando comenzasteis a hablar sobre todos esos programas de moda, de los cuales me declaro ignorante, o de las series de moda, de las que coincido en bien pocas a la hora de verlas, y claro, tu pregunta ante mis gustos era evidente, algo así como comenzar a saber más cosas del uno o del otro, ¿fue ahí, en ese momento, cuando estábamos los dos solos hablando? ¿Cuándo comenzó la noche?

Llegaron los postres, llego el café, llego la hora de pagar, de salir del restaurante y ver que hacíamos a continuación, aunque, porque lo que ocurrió después, ya ambos lo teníamos claro lo que deseábamos, despedidas del resto del grupo, desearnos buenas noches, risas cómplices del resto y tú y yo, ahí, uno enfrente del otro y sin saber que más decirnos, claro que al verte abrazarte los hombros, es lo que tiene ir con transparencias, y darte mi chaqueta, pasártela por tus hombros y demorarme unos segundos, mis manos arreglándotela, y tenerte ahí cerca, alzando la vista mirándome y dándome las gracias…., no, no te bese, quizás porque era lo obvio, quizás lo esperabas en ese momento, quizás si lo hubiera hecho me hubieras correspondido, quizás me hubieras dicho que lo imaginabas, pero no lo hice, en cambio, me miraste un buen rato, me sonreíste aún mas, y me preguntaste que podríamos hacer.

Te propuse bajar a la playa, al paseo marítimo, pasear, tomarnos algo, contarnos más cosas, no sé, no quería que acabara la noche.

Y ahí estábamos, los dos paseando, viendo y comentando toda la prisa que tenía la gente, lo que hacían para ser felices, para vivir cada instante, nos pusimos a arreglar el mundo, nos contamos parte de lo que habíamos vivido, riéndonos por las coincidencias que habíamos experimentado en algún momento, hablamos y hablamos, hasta que me preguntaste si quería la chaqueta, si no tenía frio, y bueno, decirte que no, que me cuesta pasar frio, que me gustaba verte con ella y que te quedaba mejor que a mi….te reíste a carcajada limpia, no sé qué fue lo que había dicho tan gracioso, pero estabas, ahí, sentada en la silla del bar, riéndote a carcajada limpia, supongo que mi cara era todo un poema, porque enseguida me lo aclaraste, era la primera vez en toda la noche que te había dicho un piropo, ¡y encima uno así¡, me reconociste que tus citas solían ir mas al grano, que eran más directas, sin perder el tiempo, que en el momento que te puse la chaqueta, lo hubieran aprovechado, y que te sorprendió que no lo hubiera hecho, y me preguntaste porque, porque no te bese.

Tu tono había cambiado, esperabas mi respuesta, y no que esperabas, así que te mire un rato, lo pensé y te lo dije, te dije quién era, aquello que regía mi día a día, te conté todas las veces que me sonría por verte sonreír, por cómo me mirabas, te dije como me gustaba verte ahí, con las piernas cruzadas, con esos tacones imposibles, por cierto, no me imaginaba como conducías con ellos, hasta que te vi ponerte  las zapatillas de la foto, te dije que quizás no lavaría nunca la chaqueta, para que conservara tu olor, ahí te sonreíste, te dije que si, que me hubiera gustado besarte, pero que entonces, quizás no estaríamos aquí, ahora, que quizás estaríamos en tu cuarto, los dos medio dormidos después de una breve escaramuza entre las sabanas, o quizás no te hubiera gustado como te besaba y nos hubiéramos despedido en aquel instante, y entonces no hubiera podido seguir disfrutando de ti, hasta este momento.

Quien no arriesga no gana, fueron tus palabras.

¿Quién dice que he perdido?, fue mi respuesta, y otra breve sonrisa por tu parte.

No nos dijimos nada más, sin pensarlo, ambos nos levantamos y me preguntaste que más podíamos hacer, y bueno, te propuse que visitáramos un puente que se adentra en el mar, cerca de donde estábamos, y accediste, quizás porque como a mí, no deseabas que acabara la noche aun.