-Escribo mucho, Mr. London. Demasiado…

La voz de Poe ascendió, grave burbuja, por el conducto que penetraba las dos plantas de alcohólicos asistidos por el ingeniero que en aquel momento intentaban reunirse en el sueño. Las frazadas, de un disperso color grisáceo, eran testigos de ese intento; dormir era difícil sin un trago y con muchos pensamientos. Ignoraban que por una de las cañerías que atravesaban sus dormitorios transcurría un líquido que estaba salvando a un hombre del desastre. A Poe ni lo sospechaban en el sótano. Si alguien hubiera desistido de la compleja empresa de dormirse y acercara por un momento la oreja al orondo tubo de cobre habría escuchado:

–… Y no sé si me gustaría continuar: me canso.

Las palabras fluían, encapsuladas en su mundo metálico, conquistando en su ascensión metros que se abstraían de estornudos, toses, esputos, maldiciones, rezos y delirios. Indemnes, llegaban al oído de London, dictando una mueca desdeñosa y la gravedad de otras palabras:

–¿Ha vuelto a beber, Mr. Poe?—el tono quiso hacerse cáustico, hasta podría haber erosionado las paredes de cobre–. Me refiero a si ha probado de alguna otra botella conseguida en sus paseos.

El trasiego de palabras seguía su ruta secreta, mientras un hombre con las cejas quemadas intentaba ahogar un ruego en su almohada. O una mujer, apartada junto con otras de la vista de sus compañeros de dormitorio por un biombo con estampados indonesios, se ajustaba la faja al tiempo que recitaba una nana. El sueño seguía sin premiar a los forzosos habitantes nocturnos de las dos plantas intermedias, en esa mansión que London y su aparente filantropía habían querido edificar de camino al puerto de Baltimore. Y el gas de las palabras entre el ingeniero y el poeta del sótano no dejaba de fluir:

–No, Mr. London, lamento decepcionar a su imaginación, pero sigo sorbiendo, día y noche, su líquido.

Lo que continuó fue un silencio, sucio y extenso como el interior de las tuberías. Y la tregua al fin, pasada la medianoche –y entre la resistencia de algunas toses–, de todo el dormitorio.