Detrás de Aneizar L. se esconde una sanitaria que entre guardia y guardia nos envia estos relatos -j re crivello editor

Me encuentro en el centro de la pista de baile. La música, los focos y el gran mogollón de gente a mí alrededor me resulta muy agobiante. Por un momento necesito salir y tomar un poco de aire. El vestido que elegí para la ocasión no es de mi agrado, tampoco nos dejaban muchas opciones para elegir. La fiesta de mascaras, de este año la habían elegido en la época victoriana, entonces la indumentaria quedaba clara. Mis padres organizaban toda esta farándula en el ayuntamiento del pueblo y yo debía de hacer acto de presencia, por que así ellos me lo pedían. Yo agradecería que un año me dejaran tranquila en mi habitación, con una taza de café y un libro. Pero esa opción no era posible, ni seria. Avanzando para ir a la salida, me encuentro con el grupo de posibles del instituto. Como en una película mala de adolescentes, puedes distinguir a cada uno en el grupo. Agradezco ser invisible y que no me digan nada. Además con los disfraces y el nivel de alcohol que llevan, ya no distinguirían ni a su madre. El aire en la calle era frio, pero sentaba bien el fresco comparando el agobio que hay dentro de la fiesta. Estoy un poco aburrida y cansada, prefiero divertirme un poco con todos los asistentes a la fiesta.
— ¿Aburrida? — Un chico alto y moreno me mira mientras se lía un cigarro.

— Lo mismo que tú. — Él echa una sonrisa y levanta su mirada hacia mí de nuevo, pero no dice nada.
— Se me ocurre algo divertido, ¿te animas? — Una gran carcajada resuena en la entrada del edificio.
— Suena algo muy indecente, para una niña bien como tú. — Arqueo una ceja ante la ridiculez que salió de su boca.

— Creo que te estas equivocando, hablo de algo para fastidiar la fiesta. — Vuelve a sonreír, parece que me va a contestar, pero no dice nada.
— ¿Se te ocurre algo? — Da una calada a su cigarro y se acerca a mí, dejando el espacio personal justo. — Un apagón de luces estará bien, llévame a la caja de fusibles y haré los honores. — Esta vez la sonrisa se me escapa a mí. No contesto, le guio directamente a la caja para bajar los fusibles. No era necesario pasar por la fiesta para ello, el recorrido lo hicimos desde atrás, la puerta se encontraba abierta.

— ¿Lista? — Asiento y arranca tres fusibles, quedándose con ellos de la mano. Ambos salimos del cuarto corriendo y riéndonos como loco.
— No ha sido tan divertido, ¿y si nos vamos? — Estoy harta de la misma fiesta aburrida de todos los años.
— ¿Así vestida? — Mientras el se ríe, yo me voy quitando el traje estúpido que llevo. El mientras abre los ojos.
— No te emociones, llevo ropa debajo. — Esta vez me rio yo. Me ofrece un casco para subirnos a su moto y ambos nos alejamos dejando, el traje, las mascaras, los fusibles y mi móvil en las escaleras del ayuntamiento.