Esto se desmadra. Se sale de cauce. Tranquilo, tranquilo. Es una mujer. Es hermosa. Me hierve la sangre. Me gana la ira. La pierdo. Me enojo. Inspiro. Expiro. Busco controlar la emoción antes de hablarle.

-Fui estafado por dos timadores profesionales. A vos no te conozco. A Gerardo no sé cómo disculparlo.

-Drástico, intenso. ¿Infantil? ¿Te sentís amenazado en tu imagen racional? Te recuerdo que estabas dispuesto a creer en predicciones astrológicas ¾respondió con fastidio, arrastrada por la molestia de Ricardo.

-Lo único que me faltaba! La S-E-Ñ-O-R-I-T-A se ofende. ¡Caramba! Nunca imaginé una primera cita más accidentada.

Apoyó una mano sobre su hombro. Le pasó otro mate. Transcurrían los minutos en procesión, silenciosos y solemnes. Un Ricardo tan distante como sereno respiraba acompasado. Cortó el silencio murmurando dulcemente:

-Caminamos? ¾antes de recibir la respuesta extendió su mano invitándolo. Él la tomó como quien regresa de un mal sueño, sin decir nada.

-¿Es una cita?

Contuvo las ganas de gritarle un par de cosas. Es más fácil enojarme con Gerardo. Me mandó desvalido a la jaula de los leones. Estoy perdiendo los pelos y las mañas. Pasó el brazo sobre su hombro, abrigándola.

-Como vos quieras –Si seré cobarde! Debo arreglar esa frialdad -Me gustaría que lo fuese -agregó.

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Editado por J. Re. Crivello, Melba Gómez y Antonio Caro.