Despertó agitado, sudoroso; el sueño lo había intranquilizado; lo único que recordaba, aún adormecido, era una estrella amarilla, como las que ponen en el lugar de un accidente fatal; el resto solo oscuridad.

            Noche a noche, la misma pesadilla, que para él nada significaba pero le producía una desazón que no entendía. Siempre se añadía una nueva figura a su sueño: la estrella amarilla estaba clavada a un poste.

            Las noches siguientes pudo visualizar el entorno donde se encontraba dicho poste: era una esquina con las viviendas de alrededor desvaídas en una nebulosa irreconocible.

            Posteriormente pudo identificar las casas: una tapicería con grandes vidrieras colmadas de alfombras y cortinas y un café al paso a la derecha.  Los detalles se iban acumulando como una escenografía, que sin motivos le provocaba escalofríos.

            Más tarde apareció un árbol añejo en la pantalla de su cerebro, con el tronco rugoso,  ramas bajas y grandes raíces que levantaban la acera y parte del asfalto de la calle.

            Llevaba ya muchas noches soñando lo mismo; creía que podía reconocer el entorno,  mas el cartel indicador de la calle y el nombre que estaba en la estrella amarilla eran aún una incógnita, un manchón ilegible.

            Todo este asunto lo trastornaba, andaba como un sonámbulo durante el día porque su dormir era insuficiente y de mala calidad.

            Decidió dejar el auto y caminar para ir al trabajo ya que no se sentía seguro conduciendo, en el estado actual de su sistema nervioso.

            Andaba distraído mirando vidrieras y dejando que el viento fresco se llevara las malas ideas. 

            Al llegar a cierta esquina, le llamó la atención un comercio donde exhibían tapices y otra mercadería afín; recorrió con la mirada los alrededores, un barcito con mesas en la vereda y el gran árbol de sus sueños se elevaba, despidiendo a sus hojas marchitas por el otoño.

            Una barra de hielo recorrió su columna dorsal. Era el sitio donde transcurrían sus pesadillas.

            La estrella amarilla no estaba en el punto donde la había soñado infinidad de veces, algo raro estaba pasando.

            Con estas ideas en la cabeza bajó a la calle, siempre tratando de reconocer el lugar que lo había torturado tantas noches, cuando un automóvil dobló rápidamente y sin darle tiempo a nada lo embistió.

            Ahora habría una estrella amarilla con su nombre.